José Alberto Romero García. Profesor de inglés de Secundaria en el IES Mediterráneo de Salobreña. Profesor desde septiembre de 1988, autor de tesina y tesis relacionadas con la docencia, y más en concreto con la enseñanza del inglés.
El
proceso de americanización de nuestra sociedad ya comenzó hace años y fue
principalmente la televisión el instrumento utilizado para ello, pero ha sido
paulatinamente cuando este proceso ha ido impregnando nuestros comportamientos
y, especialmente en el ámbito educativo, ha sido la propia Administración
paradójicamente la que ha sido su principal precursora. Estamos en la era de la impaciencia donde no educamos nuestros instintos ni nuestro cuerpo, y si deseamos/queremos algo, lo queremos ya. Eso, en mi opinión, es más propio de bebés o niños de temprana edad.
Nadie
puede esperar, nadie tiene ni paciencia ni autocontrol. Después de meses de
confinamiento y medidas para combatir la pandemia, hace semanas se nos dio algo
más de libertad y ¿cómo respondió la sociedad? Con botellones descontrolados,
con relajamiento total…. desembocando en la celebración de la noche de San
Juan. Mientras la mayoría aceptó que la pandemia todavía está presente y que
había que ir con cautela vimos como hubo poblaciones donde todo se desmadró.
Pero
como el objeto de este blog no tiene pretensiones tan altas y simplemente
pretende hacer reflexiones que se producen en el ámbito educativo, me voy a
centrar precisamente en ello con una cuestión menor de actualidad y con otra
algo mayor y que está desestabilizando nuestros centros de manera brutal.
Bueno,
en realidad, una cuestión menor no es. Me estoy refiriendo al macrobrote que se
ha producido tras una serie de viajes de estudios a Mallorca por parte de
centros de diversos puntos de la península. Subscribo totalmente los aspectos
fundamentales que se tratan en la desgarradora carta de una profesora indignada
(he aquí 2 enlaces a diferentes artículos sobre el tema: La carta de una profesora indignada a los estudiantes del
macrobrote: "Os vais a Mallorca en busca del coronavirus" y "A veces pienso que el ser humano está mejor confinado" ), que habla también
como Jefa de Estudios y Coordinadora Covid, y que coinciden con lo que líneas
más arriba comentaba sobre la celebración de la noche de San Juan.
Y
pasamos ahora a la cuestión que más me preocupa por relacionarse con el ámbito
educativo y que se deriva de esta sociedad de la inmediatez: el fenómeno del ‘concursillo’. Es indudable que el
concursillo, en esencia, tiene unas muy sanas intenciones y pretende el bienestar
del docente porque les permite trabajar en un centro que atenúa los efectos del
distanciamiento geográfico del domicilio familiar. Ahora bien, la
Administración, que es la que vela porque esta empresa pública funcione, no la
ha regulado suficientemente y entra en contradicción con toda la serie de
planes, proyectos, programas… que quiere que se desarrollen en los centros al
haber elevado el nivel de inestabilidad del personal a cotas jamás conocidas. Así,
vemos como hay centros en los que todos los cursos son el 70 o el 80 por ciento
de los profesores que llegan nuevos. En mi caso particular, en un departamento
de 6 miembros, y por diversas circunstancias, se puede decir que estoy solo
coincidiendo con 3 compañeros de concursillos, más una profesora sustituta y
otro compañero de apoyo COVID. Al menos, el curso pasado dos de ellos ya habían
estado en el centro el curso anterior.
De
este modo, cada comienzo de curso significa partir prácticamente de cero para
la mayoría de los integrantes de la plantilla de un centro. Cada centro, cada
departamento ha hecho la guerra por su cuenta y ha intentado dar respuesta a
tal situación: unos asumiendo más responsabilidades y compromiso, otros han
seguido el comportamiento de la avestruz desentendiéndose de los objetivos
específicos del departamento o de los generales del centro, y otros simplemente sobreviven a la
situación esperado el tan ansiado momento de la jubilación, aunque claro con el
permiso de las autoridades pues parece que ahora los ‘baby-boomers’ vamos a ser
el problema de que este país se vaya al traste.
La
sociedad actual, por aquello de la inmediatez, y a pesar de incorporarse al
mundo laboral más tarde, parece tener como prioridad tener una super-casa con
un super-coche (que suelen ser dos porque ambos cónyuges trabajan) y en una
super-ciudad. Bueno, muchos acaban viviendo en las ciudades dormitorio o
urbanizaciones cercanas porque este tipo de vivienda es más asequible. Esta
americanización de nuestras jóvenes generaciones hacen que se contrapongan enormemente a
generaciones anteriores que se trasladaban a su primer destino, alquilaban un
pisito y si el destino era medio aceptable, acababa comprando una vivienda de
v.p.o. para quizás acabar comprando algo mejor rondando casi los cincuenta. Si
el destino no era tan bueno, se seguía concursando y se trasladaba uno a una
población con mayores posibilidades, para pasados los 40 tal vez alcanzar el
ansiado deseo de entrar en el ansiado destino. La mayoría se quedaban por el
camino y así tenemos familias que se asentaron en otras poblaciones sin
problemas renunciando definitivamente a ese gran sueño porque la realidad era
bien otra.
Otro
motivo para participar en el ‘concursillo’ es la mejora en las condiciones
laborales o bien por tener una comisión de servicio o bien, aquí viene la
última, por huir de una circunstancia específica, como puede ser por ejemplo el
bilingüismo. Sí, ahora que empieza a destaparse la verdad sobre todo este plan
(sirvan de ejemplo este programa de la televisión española: La chapuza del bilingüismo y este artículo del periódico el país: “Es un engaño, los niños ni aprenden inglés ni las materias” ).El bilingüismo, el precursor del
concursillo porque de nuevo en este país de los atajos éste fue el penúltimo
para no pisar los destinos asignados. Dejo para el futuro un análisis más
detallado de este plan para no desviarme más del tema. En efecto, una vez
alcanzado el ansiado destino, aunque fuera a costa de concursar a una plaza
bilingüe, y con unos conocimientos de la lengua extranjera mejorables y
dándonos cuenta de que no hay una repercusión positiva ni en la propia lengua
extranjera ni en la materia propia, y habiendo sido arrinconados a los niveles
de la ESO, son muchos los compañeros que empiezan a concursar a la plaza no bilingüe del propio centro o del
centro de al lado. Por supuesto, si no se nos concede, que es lo más lógico, participamos
en el concursillo escapando del infierno bilingüe.
Para
poner punto final a esta reflexión, aunque podría extenderme horas y horas, yo
me pregunto: ¿puede permitirse el lujo una empresa (en este caso pública) de
seguir provocando el deterioro de nuestro sistema educativo? ¿puede afrontar
una empresa cualquier reto con una plantilla cansada, no estable y poco
comprometida? ¿no son estos años y esfuerzos que se debieran emplear en
completar la formación del docente y dedicar más tiempo a la preparación de sus clases y
corrección de tareas? Son muchas las cuestiones, pero creo que son
suficientes. Son ya ocho las leyes educativas y
a lo mejor parte del fracaso se debe a esto, pero claro hay que recordar que la
empresa la dirigen la clase política o técnicos que llevan alejados de la tiza
décadas. La Administración quiere que los docentes nos formemos, estudiemos
idiomas, nos digitalicemos… y que tengamos niños para pagar las pensiones de
futuras generaciones. Es imposible con la configuración que las plantillas de
los centros están tomando. Y una vez que hayamos creado nuestro Quasimodo, será
imposible volver atrás. La calidad del producto (nuestros alumnos) seguirá
siendo mala, el nivel de exigencia será mayor y los profesionales de la tiza
acabarán hastiados. Siento ser tan pesimista, pero es que tiemblo al pensar
cómo quedará mi Centro o mi Departamento el curso que viene. ¡¡¡Lo mismo tengo
suerte y repiten algunos compañeros!!!
Os invito, pues, en los comentarios a expresar vuestras opiniones sobre el tema, a favor y en contra, porque así tendremos una visión más completa, siempre intentando ser constructivo y enriquecedor. ¡¡Muchas gracias a tod@s, feliz verano y mucha salud!!